¿Y después qué?

A man holds up a sign which reads  As Spanish as the flag  As Catalan as the Catalan flag  while attending a pro-union demonstration organised by the Catalan Civil Society organisation in Barcelona  Spain  October 8  2017  REUTERS Albert Gea

La parte de Cataluña que dejó hacer, que hasta votó o apoyó a los separatistas, empieza a oler la podredumbre que despiden los independentistas que les engañaron. Y percibe que el pueblo èspañol ha despertado, que no había desaparecido, que está dispuesto incluso a batirse, y que no les dejarán de apoyar mientras sean hermanos. Solo deben salir y votar en contra de la fétida horda que los quiere aplastar, para el resto, cuentan con el resto de España.

Las Guerras Napoleónicas sirvieron para dar un vuelco a España. Nació la Constitución más avanzada de la época, y se fraguó la Identidad Nacional Española, basada en que el español, habitante del territorio y heredero de las tradiciones de sus antepasados españoles durante siglos, pasaba a ser dueño del territorio que pisaba, después de generaciones en las que era poco más que un siervo.

Pero poco después, la élite económica y gobernante, traidora, la que fue a remolque de los hechos del pueblo, quiso desmontar lo logrado y ponerlo a su favor para enriquecerse. Acabaron con la Constitución y pretendieron una clase obrera sin derechos. Incluso dieron lugar al germen de los falsos nacionalismos excluyentes, que tildaron a hermanos españoles de maquetos y charnegos. Dieron al traste con los logros de aquel despertar español.

Hoy, en 2017, cuando terminemos por vencer, no debemos dar tregua al enemigo ni aceptar su rendición. Hay que echarlo. Y no solo a la Progresía Internacionalista, sino a cualquiera que no respete al ciudadano español por el hecho de serlo. A quien no respete el derecho a hablar en cualquiera de las lenguas españolas o en la común de todos. A quien convierta cualquier diversidad regional respetable en un instrumento para la diferenciación entre hermanos españoles. A quien prostituya la historia común para enseñar a los escolares cualquier base para el odio a otro español, inventándose esa historia.

Y sobre todo debemos luchar contra los que pretendan hundir nuestro despertar para convertirnos en esclavos laborales. Somos los dueños de España, y aquí entra quien digamos nosotros. No debemos permitir que venga Soros con los cien mil hijos de San Luis a someternos a la mundialización. No debemos permitir iluminados europeístas que nos quieran trasladar los Centros de Gobierno a Bruselas,  en Madrid gobiernan españoles oriundos de todas las regiones españolas, en Bruselas habría una pequeña representación de cuatro expatriados comprados.

En este “2 de mayo” catalán, nos hemos vuelto a despertar, y nos sabemos dueños de España, seamos de la región que seamos, mantengamos la lucha y estemos siempre vigilantes.

Imagen: elperiodico.com

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