La resaca del Brexit

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Lo que no iba a pasar nunca, ha pasado. Un socio de la UE va a salir del Club, y no por cuestiones políticas, sino por decisión de sus ciudadanos.

Golpes en el pecho, ojos de incredulidad, delatan a los Europolíticos que creían tenerlo todo bien atado. Tampoco se lo llegan a creer parte de los ciudadanos europeos que, o bien siguen creyendo en la idílica Bruselas, o les parece bien la peligrosa mentira que se está construyendo a la par que la Unión.

A pesar de que la realidad les explote delante de sus ojos, no verán que el Reino Unido no ha votado en contra de la Unión Europea, sino del rumbo endófobo y proinmigratorio.

No se ha votado en contra de Europa.
No, los británicos no son antieuropeos. Los británicos han expresado, por medio de su voto, su intención de querer seguir siendo europeos. Lo que no quieren ser es una minoría de población autóctona dentro de su propio país.

Los británicos han visto, en el último siglo, como se han tenido que volver, muchos de ellos, de los países que formaban parte de su Imperio. Porque, efectivamente, un keniata tenía derecho a la propiedad de su tierra, y se echó a los británicos de las granjas que habían levantado civilizando la sabana, aunque estuviesen beneficiando a aquella tierra. Pero es que después de volverse de allí, veían como les seguían un montón de keniatas y se instalaban en el Reino Unido. Lo mismo ha pasado con los demás países que fueron colonias y a otros países que fueron potencias europeas colonizadoras.

Una vez en Europa, se daba la situación, mientras en los países que eran antiguas colonias no quedaba un solo europeo, que había que compartir el país propio con los de allá. Al principio pocos, después muchos, y con el tiempo la mayoría nacionalizados. Y finalmente se establecen colonias de individuos no europeos dentro de Londres, Liverpool, Birmingham, que están vetadas a los oriundos. Caso que ocurre también en Barcelona, Madrid, París, Berlín…

A todo esto, la población autóctona ve como sus líderes políticos y empresariales, ven la entrada de mano extranjera como una oportunidad de rebajar salarios, condiciones laborales y hasta desplazar a los oriundos ( como también pasa en el resto de la UE ), y muchos empiezan a preocuparse por la propia supervivencia.

Finalmente, una vez comprobado a lo largo de décadas que la inmigración masiva es un fenómeno que no decrece, tal y como se desprende de los datos estadísticos, que las segundas generaciones no se integran, que las prestaciones sociales son absorbidas en su mayor parte por gentes no oriundas del Reino Unido ( eso está bastante maquillado, pero se pueden consultar las listas de concesiones de vivienda social fijándose en los nombres de los beneficiarios, por ejemplo), se encuentran con la amenaza de la avalancha final. Y valga lo anteriormente dicho para todos los países receptores de inmigrantes de la UE.

En los países donde viven los correligionarios, hermanos y culturalmente similares a éstos refugiados, no les acogen porque no, sin más explicaciones. Siendo muchos de éstos países, de los más ricos de la Tierra. Alguno de ellos, como Kuwait, con una enorme deuda en dinero y vidas humanas con Occidente, que les salvó de una invasión, niegan ahora la ayuda hasta a los suyos. Los tiene que acoger Europa. Porque sí. Y los Europolíticos de Bruselas afirman desde sus mansiones, en barrios donde no hay más inmigrantes que el personal de servicio de los palacetes, que el espíritu de Europa es recoger inmigrantes… y cuando la avalancha amenaza con colapsar Europa, negocian con Turquía para que haga de policía de fronteras, a cambio de dejar entrar en la UE a cualquiera de los 80 millones de turcos. Poco a poco, hasta los más aperturistas de entre los europeos, y británicos, van abriendo los ojos. Y dicen basta.

Se ha votado contra la inmigración masiva.
Las encuestas de los últimos años dicen que el 75% de los británicos cree que hay demasiados inmigrantes en el Reino Unido, y que la puerta de entrada es la UE. Simplemente teniendo en cuenta este dato, debían haber previsto el Brexit. El otro 25% o son inmigrantes nacionalizados o descendientes de ellos. O esa parte de los europeos que viven en la adoración permanente del extraeuropeo y la destrucción de cualquier signo identitario nuestro, ya sea cultural o religioso.

La diferencia entre el 75% mencionado y el 52% que finalmente se ha liado la manta a la cabeza y ha preferido salir de la Unión, se explica teniendo en cuenta el factor de la estabilidad laboral. La gente al final de la juventud, madura o mayor, que ha votado a favor, suelen tener un trabajo más o menos estable. Los más jóvenes, hasta los que se encuentran entre el 75% crítico con la inmigración masiva, no votaron masivamente al Brexit, sabiendo que se podían cortar la salida laboral que les ofrecen los otros 27 países de la UE, prefirieron tragar con lo que había.

Geográficamente, sólo ha habido un apoyo mayoritario a la UE en tres lugares: El Ulster, Escocia, y el centro de Londres. Analizar porqué es relativamente fácil, ya que en el caso del Ulster, y sobre todo Escocia, el argumento para que no pidan la independencia, que llevan años soltándoles desde Londres, es que la pertenencia al Reino Unido significa acceder a las ventajas de ser ciudadano de la UE.

El “hecho diferencial” británico.
Hay analistas que intentan justificar lo ocurrido con las eternas reivindicaciones del Reino Unido a la UE, y los obstáculos que ha puesto siempre al proceso de unificación. La realidad es que el Reino Unido lleva cuarenta años haciendo el mismo juego a Bruselas, que el que nos tienen acostumbrados los independentistas catalanes y vascos en España. Tensan la cuerda hasta el límite para conseguir dinero para sus partidos y funcionarios de a dedo; en el caso británico para sacar acuerdos comerciales ventajosos. Pero llevan así desde que entraron, y nunca han tenido intención de marcharse. Sin embargo ahora, la necesidad de sobrevivir les ha empujado.

Gran Bretaña siempre ha estado a mitad de camino entre Europa y los Estados Unidos, por razones culturales y geográficas, pero nunca le dio la espalda a Europa. Para bien o para mal, hay una unión histórica, cultural, étnica y social con el Continente.

En un momento dado pueden sentirse molestos por la llegada de un elevado número de polacos, como nos daban a entender los Medios manipulados hasta ahora. Pero el pánico ha llegado de la mano de las oleadas procedentes de países islámicos.

Aviso a navegantes.
Se podía haber evitado el Brexit. Desde luego si esa lumbrera que es David Cameron, gran estadista que ha demostrado ser, no hubiese metido la pata por enésima vez y sobre todo podrían haberlo evitado no dejando decir a Frau Merkel, “willkommen”, tan alegremente hace un año.

Lo que deben hacer ahora los estómagos agradecidos de Bruselas, es empezar a pensar en evitar que la UE se disuelva como un azucarillo. Y para eso no tienen más que ponerse a trabajar por sus gobernados, que son los ciudadanos europeos, y que les reclaman, en todo el Continente, que se acabe con la avalancha migratoria.

Y no vale ya multiplicar el gasto en políticas de integración, en dilapidar dinero con programas de radio y televisión, internet, prensa escrita, intentando concienciarnos de que para ser buenos tenemos que mirar benévolamente a las mareas que saltan las vallas de nuestra casa. Frente a lo que nos pretenden vender, es muy distinto lo que percibimos los europeos en la calle, y reclamamos a nuestros gobernantes que, si quieren construir Europa de verdad, lo hagan con los europeos y para los europeos.

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