La deriva separatista, por Manuel Latorre

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Desde el Reino de Valencia estamos asistiendo con mas preocupación, si cabe, que el resto de España al pulso independentista que desde Cataluña se nos ha lanzado. Esta locura nacionalista no se para en la consulta independentista del día 9 de Noviembre, ni en una utópica declaración unilateral de independencia posterior. Detrás de todo esto se encuentra el sueño imperialista de Prat de la Riba, Companys y Cambó: La Gran Cataluña, hoy rebautizada como “paisos catalans”.

Existe una realidad que España desconoce y que en Valencia, Baleares y parte de Aragón venimos sufriendo desde hace muchos años. Desde el mismo momento en que se estaba preparando la transición política que tendría que venir tras la muerte de Franco, el catalanismo ya empezó a infiltrar sus peones dentro de la sociedad civil en general (asociaciones de vecinos, fallas, apas, iglesias…) y en la docencia en particular (Ernest Lluch desembarco como Catedrático de Economía en la Universidad de Valencia en el año en 1974). No sería hasta el año 1977 con la creación de la entidad cultural “Grup d’Accio Valencianista” cuando la sociedad valenciana empezó a reaccionar ante lo que se le venía encima, protagonizando la conocida como “Batalla de Valencia”. Una lucha por la defensa de los símbolos de identidad entre el pueblo valenciano y unos políticos de izquierdas que ya los habían vendido en el Contubernio de Múnich (1962).

Gracias a las masivas movilizaciones protagonizadas durante finales de los 70 y principios de los 80 el pueblo valenciano dirigido por la Coordinadora de Entidades Culturales de Reino de Valencia consiguió, a pesar de sus políticos, que en su Estatuto de Autonomía se reconociese la Real Señera coronada con franja azul (en lugar de la bandera cuatribarrada que los catalanes le habían robado a Aragón), la denominación Comunidad Valenciana (y no la despersonalizadora de “Pais Valenciano” como parte de los “paises catalanes”) y el idioma valenciano (primera lengua neo latina en alcanzar su siglo de oro ( S XV), cuando el catalán ni existía). En un principio se pensó que la batalla estaba ganada, más aun cuando después de más de 10 años de gobierno socialista con Joan Lerma, en 1993 el PP gana las elecciones de la mano de Eduardo Zaplana y este pacta con Unión Valenciana para poder formar gobierno. Parecía que al catalanismo se le había acabado su presencia en la Comunidad Valenciana.

Nada más lejos de la realidad. Unión Valenciana desapareció victima de una rastrera política de compra venta de voluntades ideada por el maquiavélico Rafael Blasco y puesta en práctica magistralmente por Eduardo Zaplana, quedando a partir de ese momento el partido popular como único referente del valencianismo político, lo que les ha proporcionado sucesivas mayorías absolutas desde 1998. Pero la realidad es que el PP lejos de creerse ese papel de partido anti catalanista, se ha limitado ha hacer un valencianismo meramente folclórico para contentar a los votantes menos formados e impedir que proyectos serios como el de Coalición Valenciana tuviesen la más mínima oportunidad, mientras sus dirigentes entregaban una y otra vez a la Comunidad Valenciana en manos de CIU como moneda de cambio para garantizarse su apoyo en Madrid.

El propio Jordi Pujol en declaraciones al diario Levante (31-X-2004) reconoció esto: “Zaplana dijo que se reconocería la unidad de la lengua creando la AVL y cumplió”. En concreto se refería al pacto firmado en el Mas Calvó de Reus entre Zaplana y Pujol en 1996 donde el PPCV se comprometía a aceptar la mentira de la unidad de la lengua creando una nueva academia pactada con el PSPV que tendría entre sus académicos a varios miembros del Institut d’Estudis Catalans y a cambio CIU apoyaría la investidura de un Aznar que no tenia mayoría absoluta. Porque ese ha sido el autentico caballo de batalla del independentismo catalán, la lengua. Su obsesión por conseguir que aceptemos que en Valencia y Baleares se habla catalán, no tiene otra finalidad que la política. Para poder justificar minimamente su sueño imperialista necesitan reescribir la historia y falsear la realidad filológica de dos lenguas que siempre fueron más importantes literariamente que el catalan. Como ellos no tienen escritores clásicos, porque el catalán estaba aun bajo la influencia del francés después de casi 400 años siendo la “Marca Hispanica” del Imperio Carolingio, mientras el valenciano daba a las lenguas neo latinas escritores de la talla de Joanot Martorell, Ausias March, Sor Isabel de Villena, Jaume Roig, Bonifacio Ferrer y tantos otros que por obra de la manipulación política pasaron a ser escritores en lengua catalana, sin importar que todos ellos dijesen escribir en lengua valenciana.

La unidad de la lengua justificaría para ellos la creación de esos “paisos catalans”, bajo un axioma tan manido como falso: A igual bandera, la robada a Aragón en este caso, y misma lengua, una misma nación. ¿Les suena verdad? Pues ni siquiera ahora que el PPCV esta a punto de perder el poder en manos de un tripartito catalanista (PSPV, EU y Bloc-Compromis) estos son capaces de rectificar. Continúan manteniendo en la Conselleria de Educación a los directores generales de la etapa de Cipriano Ciscar, con lo que las universidades e institutos valencianos han estado formando todos estos años a votantes catalanistas de izquierdas que nunca votaran al PP. En los presupuestos anuales sigue subvencionándose a entidades ultra catalanistas como ACPV o Escola Valenciana. Los libros de texto de los escolares valencianos parecen editados directamente por el propio Oriol Junqueras. En los exámenes de selectivo de la Universidad de Valencia se utilizan articulos del diario catalán Avui y se analizan textos de escritores catalanes como Espriu

En definitiva, lo de siempre. Los complejos del PP junto a la sumisión del PSOE les hacen cómplices necesarios en una deriva catalanista que no se va a detener en los territorios de Cataluña. Como dice un eslogan repetido hasta la saciedad por el catalanismo más radical: “Desde Salses hasta Guardamar, y de Fraga a Mahon, paisos catalans”. Por eso es necesario que el pueblo valenciano despierte de una vez afrontando este problema desde su verdadera dimensión, la política. De nada nos servirá tener la razón de la historia si el resto de España no se conciencie de una vez de esta grave situación

Manuel Latorre

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